Las escalas griegas

La evolución de la música y de los instrumentos durante los siglos V y IV a. C. permitió componer obras utilizando cambios de escala. Para ello fueron ideando un sistema tanto práctico como teórico para facilitar la modulación de una a otra. Comenzaron por gestar la noción de una estructura melódica general que sintetizase las diferentes escalas particulares. El elemento constitutivo común a las escalas antiguas, el tetracordo, sirvió de eslabón en el nuevo sistema. Se tomó como base la secuencia de octava por tres razones. La primera fue que la mayor parte de las harmoníai reconocidas como antiguas por el tratadista romano Arístides Quintiliano abarcaban una octava o se aproximaban; además, la octava es una estructura melódica muy adecuada para una sistematización basada en tetracordos, ya que está formada por dos de estas unidades. La segunda fue que contenía los tres intervalos considerados consonantes por los antiguos, que son la cuarta justa, la quinta justa y la octava, representantes, según los filósofos, de la perfección armónica. La tercera fue que su extensión resulta cómoda para la voz humana.

El repertorio de escalas, es decir, el equivalente funcional de las antiguas harmoníai, pasó a estar formado por los diferentes modelos de organización de intervalos que se producen si se construyen octavas tomando como punto de partida cada una de las siete notas distintas que hay en una secuencia básica de octava. En el género enarmónico (el más antiguo), dicha secuencia de intervalos, en abstracto, es siempre la misma (… diesi – diesi – dítono – tono – diesi – diesi – dítono – diesi – diesi – dítono …), sólo cambia el segmento que ocupa cada octava.

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