Teoría del sistema intertonal – 1

Jaume Pahissa

Por su interés técnico, iré copiando aquí un estudio sobre armonía que el compositor catalán Jaume Pahissa publicó en 1945. No añado ni suprimo nada:

Consonancia y disonancia

Acabamos de exponer las razones por las cuales hemos llegado a la concepción del sistema intertonal o de la disonancia pura. Estas razones son de tipo especulativo o teórico. Vamos a presentar ahora algunas de las consecuencias o resultados de carácter técnico o específicamente musical que se deducen del nuevo sistema.

Estableceremos primero el sentido de los conceptos consonancia y disonancia en la armonía.

La palabra consonancia, etimológicamente quiere decir sonar juntos; y disonancia, sonar separados. La acepción corriente y vulgar de consonancia es la de sonido agradable o sonar bien. La de disonancia es de sonido ingrato o sonar mal.

En realidad, las dos acepciones son consecuencia una de otra. En la consonancia, los sonidos suenan juntos porque suenan bien, es decir, porque se avienen. En la disonancia, los sonidos suenan mal porque suenan distintos, es decir, porque no se conjugan. También se podría interpretar disonancia como sonar dos veces, esto es: una en el momento de sonar mal y otra en el momento de resolverse sobre la consonancia o el sonar bien, que es, como dijimos en el capítulo anterior, lo que ocurre siempre en la armonía clásica o consonante.

Los tratados clásicos de armonía mantienen, por inercia rutinaria, la clasificación antiquísima de las consonancias, la misma que establecieron los primitivos teóricos, como si los físicos continuaran hablando hoy de los cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Dividen, todavía, las consonancias en perfectas e imperfectas, y colocan entre las primeras, la 8ª y la 5ª mayor (llamada justa) y aun la 4ª menor (llamada también justa); y entre las imperfectas, las 3as. y las 6as. Esta clasificación tiene su origen en el concepto -o mejor dicho, en la falta de concepto, esto es en el desconocimiento- de la consonancia, en la época en que el sentido armónico no había aparecido en el hombre o apenas se estaba despertando en él. Naturalmente, los intervalos de mayor intensidad armónica eran todavía de un efecto nuevo y duro: tales las 3as. y las 6as. En cambio, los de menos sentido armónico, como las 8as. cuyo valor armónico es nulo, y las 5as. armónicamente vacías, no producían la impresión, más o menos molesta, de una cosa inesperada o de audaz novedad. Por esto, a estas consonancias las calificaron de perfectas, y a las otras, 3as. y 6as., de imperfectas. Y por esto también los primitivos balbuceos de la polifonía fueron a base de intervalos de 8ª, unísono, 5ª y 4ª.

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