Génesis del contrapunto
Imaginemos a un hombre con registro de bajo cantando una melodía. Si se le une otro bajo, cantarán al unísono. Si se les une un tenor, cantará a la quinta de los bajos. Si se les une una contralto, cantará a la octava de los bajos y a la cuarta del tenor. Y si se les une una soprano, cantará a la duodécima de los bajos, a la octava del tenor y a la quinta de la contralto.
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Ello se debe a dos razones, una de orden práctico y otra de orden natural. La razón práctica es la comodidad de tesitura, que unifica la tensión de las cuerdas vocales de todos los registros. Y la razón natural es que las notas que cantan son consonancias perfectas, correspondientes a los cuatro primeros intervalos de la serie armónica.
Por lo tanto, la primera manifestación de contrapunto fue cantar una melodía en intervalos paralelos de: unísono y quinta, y sus ampliaciones octava y duodécima, respectivamente; y cuarta y undécima, resultado de invertir la quinta y de ampliar la cuarta, respectivamente.


