Edad Media. Enseñanza de la música y disciplina.

En el actual emplazamiento de la catedral de Dijon, capital de la Borgoña francesa, se levantaba la antigua iglesia de la Abadía de San Benigno, complejo monástico comenzado a construir a partir del siglo VI. Allí, como en cualquier Escuela monástica europea de la época, el “caput scholae”, un canónigo dignatario capitular, enseñaba a los futuros clérigos los oficios propios de su condición, entre ellos, y no el menos importante, el cantar. Del maestro aprendían los discípulos la Música como oficio y como ciencia teórica, disciplina que, junto con la Aritmética, la Geometría y la Astronomía, integraba el “quadrivium”.

En uno de los códices antifonarios usados en el siglo X en ese monasterio de San Benigno de Dijon, alguien escribió: “Durante los Maitines u Horas del Oficio, cuando los muchachos cometan cualquier falta en el canto de la salmodia, ya sea por sueño (era medianoche) o por causa semejante, al instante se les desvista de la cogulla y capuchón, y una vez dejados en camisa, sean golpeados con varas de mimbre lisas y flexibles, preparadas al efecto. Si alguno, aturdido por el sueño, canta mal los Nocturnos, que el Maestro le ponga en las manos un grueso libro, el cual sostendrá hasta que se haya espabilado. Durante los Maitines, el Maestro Principal se colocará delante de ellos con una vara, hasta que todos estén en sus puestos con la cara cubierta. De igual modo si se levantan con lentitud, la vara caerá inmediatamente sobre ellos… En suma, me parece que un hijo de rey no podría ser educado con mayor diligencia en su palacio que un muchacho en su monasterio bien disciplinado”.

Como puede comprobarse, aprendían música por las buenas o a hostias.

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