Los nomos musicales griegos

Citarista griega

La palabra griega nomos significa, en su acepción más general, “costumbre” o “ley”. Los textos musicales de la antigüedad la usan para hacer referencia a diversas tonadas tradicionales que poseían unas características melódicas, armónicas y rítmicas más o menos fijas y que recibían un nombre propio: nomos de Atenea, nomos beocio, etc. Cada nomos tenía su lugar y su tiempo de ejecución, como pudiera ser un funeral, un sacrificio religioso, una procesión o una competición en un festival. Los griegos antiguos sitúan el origen de los nomos en los tiempos preclásicos. Parece bastante claro que se trataba de piezas para un solo intérprete. Por la falta de ejemplos reales, resulta complicado determinar el grado de fijeza de este tipo de tonadas en las sucesivas interpretaciones -o tal vez haría falta decir versiones- que hacían los músicos. Por una lado, sabemos que, en cada nomos, había una serie de elementos musicales que no se podían alterar: el uso de un instrumento determinado, un giro melódico, una escala, un orden, unos versos… Por otro lado, los textos teóricos griegos recogen diversos cambios y adiciones que llevaron a cabo ciertos músicos. En definitiva, podríamos decir que la expresión “tocar el nomos de Atenea” comportaba una información mucho más concreta que “tocar un tango”, pero que en cambio, era bastante menos restringida que “tocar Cuba (Capricho), pieza nº. VIII de la Suite española de Isaac Albéniz”.

La denominación concreta de cada nomos nacía siempre por razón de algún aspecto relacionado con su forma musical, con el contexto en que se utilizaba o con su origen. Así, por ejemplo, el denominado nomos agudo debía poseer una melodía situada, siquiera en parte, en registros elevados; el ya mencionado nomos de Atenea se interpretaba, con toda probabilidad, en honor de esta diosa, y el nomos beocio debía proceder de la región de Beocia o debía haber sido compuesto por un autor de este pueblo. Lo cierto es que, bastante a menudo, la información más importante que tenemos sobre un nomo determinado proviene precisamente del análisis de su nombre.

Puede ser útil recordar, finalmente, que los principales criterios en que se basan los escritores antiguos para clasificar los nomos son la presencia o la ausencia de voz humana y el instrumento musical que utilizan: cítara o aulos. Conocemos los nomos citaródicos (de canto acompañado con cítara), los citarísticos (de cítara solista), los aulódicos (de canto acompañado con aulos) y los auléticos (de aulos solista).

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