René Descartes. “Compendium Musicae”: Consideraciones previas

1.ª Todos los sentidos son capaces de algún placer.

2.ª Para este placer se necesita una cierta proporción del objeto con el mismo sentido. De ahí que, por ejemplo, el estrépito de los mosquetes y de los truenos no parezca apropiado para la Música: porque, evidentemente, dañaría los oídos, igual que el excesivo resplandor del sol los ojos al contemplarlo de frente.

3.ª El objeto debe ser tal que el sentido no lo perciba ni con excesiva dificultad ni confusamente. De donde resulta que, por ejemplo, una figura muy complicada, aunque sea regular como es la madre en el astrolabio, no agrada a la vista tanto como otra que esté formada por líneas más iguales, como suele ser la araña en el mismo instrumento. La razón es que el sentido se satisface más plenamente en esta última que en la primera, donde se encuentran muchos elementos que no se distinguen con suficiente claridad.

4.ª El sentido percibe más fácilmente el objeto en el que la diferencia de las partes es menor.

5.ª Decimos que las partes de un objeto completo entre las que existe una mayor proporción son menos diferentes entre sí.

6.ª Esta proporción debe ser aritmética y no geométrica. La razón de esto es que en ella no hay que advertir tan gran cantidad de cosas, puesto que allí las diferencias son iguales y por eso el sentido no se fatiga tanto al percibir separadamente todos los elementos que contiene. Ejemplo: la proporción de estas líneas

se distingue con los ojos más fácilmente que la de estas otras,

porque en la primera basta con advertir la unidad, como diferencia de cada línea; en cambio, en la segunda, las partes ab y bc son inconmensurables y, por eso, pienso que, de ningún modo, pueden ser perfectamente conocidas al mismo tiempo por el sentido, sino sólo en orden a la proporción aritmética: así, es claro que se adviertan en ab, por ejemplo, dos partes, de las que existen tres en bc. De donde es evidente que el sentido se engaña continuamente.

7.ª Entre los objetos del sentido no es más agradable al espíritu ni aquel que se percibe muy fácilmente ni tampoco el que se percibe con más dificultad; sino el que no es tan fácil como para satisfacer completamente el deseo natural, por el que los sentidos son atraídos hacia los objetos, ni tan difícil como para fatigar el sentido.

8.ª Finalmente hay que señalar que en todas las cosas la variedad es muy agradable.

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